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¿Puede ser padrino o madrina de bautismo una persona fallecida?

Bautismo ¿Padrinos fallecidos?

– Hace unos meses falleció mi madre que estaba muy ilusionada con el nacimiento de mi hijo que no llegó a conocer. Me gustaría saber si mi madre ya fallecida puede ser madrina de bautizo de mi hijo…M

– Mis padres han muerto hace unos años y yo acabo de tener mi primera hija, ¿puedo poner a mis padres difuntos como padrinos de bautismo?

 

No.
Sólo pueden ser padrinos/madrinas personas vivas y que reúnan las condiciones para ello. En ningún caso puede ser padrino o madrina ningún difunto.
Vea completa información sobre los padrinos/madrinas de bautismo y confirmación.

MUY IMPORTANTE:

Toda la información que ofrecemos tiene únicamente validez informativa general y en ningún caso es vinculante o aplicable a situaciones concretas donde sólo el párroco o el responsable eclesiástico correspondiente tiene la capacidad de resolver. La Diócesis de Canarias y cualquiera de sus organismos no se responsabilizan de la interpretación, aplicación, daños a terceros de cualquier tipo, daños materiales, ni de ningún otro tipo que se puedan derivar de las respuestas a las cuestiones que tratamos. Son las correspondientes autoridades eclesiástica quienes tienen que decidir en cada caso que es lo que conviene y cómo se debe aplicar la actual normativa de la Iglesia. La información que facilitamos es con buena fe y gratuita y tratamos que sea actualizada, aunque no siempre puede ser así. Ante cualquier duda en el texto póngase en contacto con su párroco.

 

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Papa Francisco: Abusos a menores – Carta al Pueblo de Dios – 20 de agosto de 2018

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL PUEBLO DE DIOS - “Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”. -«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

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