documentos de la Iglesia

Para entender los documentos de la Iglesia

 

PARA ENTENDER LOS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA

ARQUIDIÓCESIS DE TUXTLA
DOCUMENTOS DE LA IGLESIA
Pbro. Lic. Limberg Gómez Coutiño

Desde los primeros siglos del cristianismo, uno de los medios ordinarios de comunicación entre las comunidades cristianas fue el lenguaje escrito, así lo testimonia el rico epistolario del Nuevo Testamento y los diversos escritos extra-bíblicos, cuya enseñanza circuló para la edificación y sostén de la fe de todos los creyentes en Cristo; más aún, frecuentemente la epístola fue el único medio a disposición del pastor para relacionarse con sus comunidades más lejanas. El intercambio epistolar entre obispos fue una exigencia temprana de la misma organización eclesiástica, de donde, buscando salvaguardar la integridad de la doctrina y ofrecer a los fieles criterios normativos para la preservación de la rectitud de fe y la comunión eclesiástica, surgieron las cartas episcopales. Hoy en día los documentos eclesiásticos, son ya el medio ordinario del ejercicio del Magisterio eclesiástico, a través de ellos, como enseñara Juan XXIII en su carta encíclica Mater et Magistra en su número 3, de 1961, la Iglesia como Madre y Maestra guía e ilumina la vida del Pueblo de Dios a ella encomendado, a fin de apacentarlo y guiarlo por el camino de la santificación, interesada por su bienestar y prosperidad integral. Partiendo de este sentir de la Iglesia, el presente manual, busca, suscitar el interés, la valoración y un acercamiento más eficaz a los documentos de la Iglesia, como expresión de las enseñanzas del Magisterio eclesiástico, distinguir y ubicar la importancia de cada uno de ellos, a fin de acogerlos con especial devoción y enriqueciendo la propia vida cristiana, personal y comunitaria, contribuyan a la formación de auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo.

Este manual de Documentos de la Iglesia, siguiendo el método ya tradicional en nuestra iglesia latinoamericana del ver, juzgar y actuar, se articula en cuatro capítulos y un apéndice complementario, y es el resultado de un trabajo de lectura análisis y síntesis de diversos estudios realizados en torno a estos documentos, así como de un acercamiento a una variedad de documentos de la Iglesia, priorizando algunos de ellos.

 

Vea:

– Manual sobre documentos de la Iglesia

– Documentos de la Iglesia

 

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Inmatriculaciones de la Iglesia ¿un privilegio?

Inmatricular es inscribir por primera vez un bien en el Registro de la Propiedad. Esto implica que no ha estado nunca ni en todo ni en parte inscrita, pues de lo contrario estaríamos ante el fenómeno de la doble inmatriculación. Para inmatricular un bien en el Registro de la Propiedad es necesario acreditar el título de propiedad, o bien realizar un expediente de dominio, o bien mediante certificación. El sistema de inmatriculación deriva del siglo XIX (1863) como respuesta a la legislación desamortizadora y con el fin de otorgar seguridad jurídica, estando presente en la ley hipotecaria de 1909 y en el Reglamento de 1915. Ni siquiera en la Republica fue puesto en cuestión el sistema. La ley hipotecaria de 1946 mantiene el sistema anterior. Desde el comienzo del registro se dan dos circunstancias: la Iglesia puede inscribir en el registro por certificación y no se contempla la inscripción de los templos, por entender que no precisaban inscripción al ser evidente la titularidad, su destino y ser considerada “fuera de comercio”.