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Ecología, bioética y buen vivir desde Francisco

 

ECOLOGÍA, BIOÉTICA Y BUEN VIVIR DESDE FRANCISCO

Por Dr. Agustín Ortega Cabrera

Una vez más, otro histórico e imprescindible mensaje del Papa Francisco, esta vez, en la XXIV Reunión General de la Academia Pontificia para la Vida. En la línea de su magisterio, con documentos tan importantes como Laudato si’ (LS) o Amoris Laetitia (AL), Francisco nos enseña una “ecología humana llamada a considerar la calidad ética y espiritual de la vida en todas sus fases. Hay una vida humana concebida, una vida en gestación, una vida salida a la luz, una vida niña, una vida adolescente, una vida adulta, una vida envejecida y consumada y existe la vida eterna. Hay una vida que es familia y comunidad, una vida que es invocación y esperanza. Como también existe la vida humana frágil y enferma, la vida herida, ofendida, envilecida, marginada, descartada. Siempre es vida humana”.

En la perspectiva del buen vivir y de las comunidades indígenas, como estamos experimentando en Ecuador-América Latina, es la ecología integral que defiende la vida humana y de la naturaleza en todas sus fases, dimensiones y aspectos. “La obra hermosa de la vida es la generación de una nueva persona, la educación de sus cualidades espirituales y creativas, la iniciación en el amor de la familia y la comunidad, el cuidado de su vulnerabilidad y sus heridas; así como la iniciación en la vida de los hijos de Dios, en Jesucristo”. La espiritualidad de la comunión fraterna con Dios, con los otros y con el entorno ambiental. Con la ética del cuidado y protección de la vida humana, desde el inicio con la concepción hasta el final de la existencia humana, de la familia y de la comunidad en la justicia social con los pobres de la tierra y ecológica con esa casa común que es nuestro planeta tierra.

“Cuando entregamos a los niños a las privaciones, los pobres al hambre, los perseguidos a la guerra, los ancianos al abandono, ¿no hacemos nosotros mismos, en cambio, el trabajo “sucio” de la muerte? ¿De dónde viene el trabajo sucio de la muerte? Viene del pecado. El mal intenta persuadirnos de que la muerte es el fin de todo, de que hemos venido al mundo por casualidad y que estamos destinados a terminar en la nada. Excluyendo al otro de nuestro horizonte, la vida se repliega sobre sí misma y se convierte en un bien de consumo”. De esta forma, Francisco nos muestra una bioética global con un humanismo integral y una moral social desde “la profunda convicción de la dignidad irrevocable de la persona humana, así como Dios ama, la dignidad de cada persona, en cada etapa y condición de su existencia, en la búsqueda de formas de amor y de cuidado con que se deben tratar a su vulnerabilidad y su fragilidad”.

La bioética global que desarrolla esta perspectiva de la ecología integral, con “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta. La convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso. El valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (LS 16).

En una economía y política que deben servir al bien común universal, estar al servicio de las necesidades de los pueblos para el desarrollo humano integral “que solicita una respuesta ética a favor de la justicia. En la perspectiva de una globalización que, abandonada solamente a su dinámica espontánea, tiende a aumentar y profundizar las desigualdades. La atención a los factores sociales, económicos, culturales y ambientales que determinan la salud es parte de este compromiso. Y se convierte en una forma concreta de hacer realidad el derecho de cada pueblo a “la participación, sobre la base de la igualdad y de la solidaridad, de los bienes que están destinados a todos los hombres” afirma Francisco citando al Papa Juan Pablo II (Carta Encíclica Sollicitudo rei sociales 21). Una economía y política al servicio del trabajo, con la dignidad del trabajador y sus derechos como es un salario justo, que está antes que el capital; con el destino universal de los bienes, la equidad en la distribución de los recursos, que tiene la prioridad sobre la propiedad. En la promoción de la paz y del desarme mundial, frente al mal de las guerras y las armas.

Francisco manifiesta una ética de la responsabilidad ante “todas las condiciones difíciles y todos los pasajes delicados o peligrosos que requieren una sabiduría ética especial y una valiente resistencia moral: sexualidad y generación, enfermedad y vejez, insuficiencia y discapacidad, privación y exclusión, violencia y guerra. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte “(Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate 101).

El Papa muestra pues una “antropología global con una conversión a la centralidad actual de la ecología humana integral, es decir, de una comprensión armoniosa y completa de la condición humana”. Es “una visión integral de la persona, que trata de articular con creciente claridad todos los vínculos y las diferencias concretas en las que habita la condición humana universal y que nos involucran a partir de nuestro cuerpo. En efecto, nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente” (LS 155).

Francisco transmite así la diversidad y complementariedad entre “el hombre y la mujer, la paternidad y la maternidad, la filiación y la fraternidad, la sociabilidad y todas las diferentes edades de la vida”. Tal como ya nos había enseñado, “la ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo»….De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»” (LS 155). Una ética masculina y femenina que impulsa la vida, la dignidad y el protagonismo de la mujer en todos los campos frente al machismo y violencia familiar.

Se trata de acoger el don del “propio cuerpo tal como ha sido creado. Esta valoración del propio cuerpo, en su femineidad o masculinidad, es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente». Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo. La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo. Una ideología, genéricamente llamada «gender (género), niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo”(AL 56, 285).

Toda esta enseñanza del Papa Francisco, junto a la Doctrina Social de la Iglesia, nos la muestra asimismo en la actualidad la ética y la ciencia más cualificada. Por ejemplo, la genética, la biología, las neurociencias y la propia reflexión filosófica con su perspectiva antropológica. Y, como indicamos al principio, nos la manifiesta las comunidades andinas e indígenas que viven todos estos valores y principios ético-antropológicos. En la reciprocidad, el respeto y cuidado de la vida del embrión, del niño por nacer, del matrimonio y la familia en el amor fiel del hombre con la mujer e hijos, de la comunidad social solidaria y de la naturaleza en todas sus expresiones.

Ph. D. Agustín Ortega (España) es Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología).  Asimismo ha realizado los Estudios de Filosofía y Teología, Doctor en Humanidades y Teología. Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y, actualmente, de la UNAE (Universidad Nacional de Educación) así como invitado en diversas universidades latinoamericanas. Autor de diversas publicaciones, libros y artículos.

julio 2018.

Vea también:

Nota de la Subcomisión Episcopal para la familia y defensa de la vida ante las iniciativas legislativas sobre la eutanasia y el suicidio asistido (21 de mayo de 2018)

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