¿Qué es el certificado de fe de vida y estado y dónde se pide?

Boda. Certificado de fe de vida y estado ¿qué es?

– El párroco me ha solicitado un certificado de fe y estado ¿Qué es ese documento?

El certificado de fe de vida y estado es el documento que acredita que una persona está viva, así como su estado civil.
La vida, estado de soltero, viudo o divorciado se acreditan por la correspondiente fe del Encargado del Registro Civil (tras la comparecencia del sujeto interesado). La vida se acredita también por comparecencia del sujeto o por acta notarial de presencia, y el estado de soltero, viudo o divorciado, por declaración jurada o afirmación solemne del propio sujeto o por acta de notoriedad.
Puede ser solicitado por cualquier ciudadano que así lo requiera.

El certificado de fe y estado se solicita en el Registro Civil del lugar donde reside la persona titular del mismo.

IMPORTANTE:

Toda la información que ofrecemos tiene únicamente validez informativa general y en ningún caso es vinculante o aplicable a situaciones concretas donde solo el párroco o el responsable eclesiástico correspondiente tiene la capacidad de resolver.
La Diócesis de Canarias y cualquiera de sus organismos o personas no se responsabilizan de la interpretación, aplicación, daños a terceros de cualquier tipo, daños materiales, ni de ningún otro tipo que se puedan derivar de las respuestas a las cuestiones que tratamos. Son las correspondientes autoridades eclesiásticas quienes tienen que decidir en cada caso qué es lo que conviene y cómo se debe aplicar la actual normativa de la Iglesia. La información que facilitamos es con buena fe y gratuita y tratamos que sea actualizada, aunque no siempre puede ser así. Ante cualquier duda sobre el texto póngase en contacto con su párroco.

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CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL PUEBLO DE DIOS - “Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”. - «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

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