Homilía del Santo Padre Francisco en Abu Dabi – Emiratos Árabes Unidos – 5 de febrero de 2019

 

Homilía del Santo Padre Francisco en Abu Dabi – Emiratos Árabes Unidos – 5 de febrero de 2019

Bienaventurados: es la palabra con la que Jesús comienza su predicación en el Evangelio de Mateo. Y es el estribillo que él repite hoy, casi como queriendo fijar en nuestro corazón, ante todo, un mensaje fundamental: si estás con Jesús; si amas escuchar su palabra como los discípulos de entonces; si buscas vivirla cada día, eres bienaventurado. No serás bienaventurado, sino que eres bienaventurado: esa es la primera realidad de la vida cristiana. No consiste en un elenco de prescripciones exteriores para cumplir o en un complejo conjunto de doctrinas que hay que conocer. Ante todo, no es esto; es sentirse, en Jesús, hijos amados del Padre. Es vivir la alegría de esta bienaventuranza, es entender la vida como una historia de amor, la historia del amor fiel de Dios que nunca nos abandona y quiere vivir siempre en comunión con nosotros. Este es el motivo de nuestra alegría, de una alegría que ninguna persona en el mundo y ninguna circunstancia de la vida nos puede quitar. Es una alegría que da paz incluso en el dolor, que ya desde ahora nos hace pregustar esa felicidad que nos aguarda para siempre. Queridos hermanos y hermanas, en la alegría de encontraros, esta es la palabra que he venido a deciros: bienaventurados

Vea el texto completo de la homilía:

– HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Zayed Sports City, Abu Dabi. Martes, 5 de febrero de 2019

Vea también:

Idioma árabe – اللغة العربية

¿Qué significa “Iglesia” “católica”?

 

Print Friendly, PDF & Email

Artículos relacionados:

Otros temas de interés

fuertes en la tribulacion

Fuertes en la tribulación – Libro electrónico – Actualización del 22 de abril de 2020

Este libro quisiera ser una pequeña ayuda ofrecida a todos, para que sepamos ver y experimentar la cercanía y la ternura de Dios en medio del dolor, el sufrimiento, la soledad y el miedo. Cierto, la fe no borra el dolor, la comunión eclesial no quita la angustia; pero iluminan la realidad y la revelan como habitada por el amor y la esperanza fundada no sobre nuestras capacidades, sino precisamente sobre Aquel que es fiel y no nos abandona nunca.