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La Iglesia no encubre abusos de menores.

Abuso de menores: la Iglesia no los encubre

NOTA DEL DIRECTOR DE LA OFICINA DE PRENSA SANTA SEDE

CIUDAD DEL VATICANO, 13 MAR 2010 (VIS).-El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, S.I., hizo pública hoy una nota titulada: “Una ruta clara también en aguas agitadas”.

“Al final de esta semana, en la que la atención de gran parte de los medios de comunicación de Europa se ha concentrado en la cuestión de los abusos sexuales cometidos por personas dentro de instituciones de la Iglesia católica, me permito hacer tres observaciones:

En primer lugar, la línea asumida por la Conferencia Episcopal Alemana se ha confirmado el camino justo para afrontar el problema en sus diversos aspectos. Las declaraciones del presidente de la Conferencia, el arzobispo Zollitsch, tras el encuentro con el Santo Padre, retoman las directrices establecidas en la reciente Asamblea de la Conferencia y subrayan sus puntos operativos esenciales: reconocer la verdad y ayudar a las víctimas, reforzar la prevención y colaborar constructivamente con las autoridades -incluidas las judiciales estatales- por el bien común de la sociedad. Monseñor Zollitsch también ha subrayado inequívocamente la opinión de los expertos, según la cual la cuestión del celibato no se puede confundir de ningún modo con la de la pedofilia. El Santo Padre ha alentado la línea de los obispos alemanes, que -aun con las características del contexto del país- puede ser considerada un modelo muy útil e inspirador para otras conferencias episcopales que deban afrontar problemas análogos.

Además, la importante y amplia entrevista concedida por el promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Charles Scicluna, explica con detalle el significado de las normas canónicas específicas establecidas por la Iglesia en los años pasados para juzgar los gravísimos delitos de abuso sexual de menores por parte de eclesiásticos. Está absolutamente claro que estas normas no han pretendido favorecer ni han favorecido el encubrimiento de estos delitos; más bien, han favorecido una intensa actividad para afrontar, juzgar y castigar adecuadamente estos delitos en el marco del ordenamiento eclesiástico. Es justo recordar que todo se puso en marcha cuando el cardenal Ratzinger era prefecto de la Congregación. Su línea siempre ha sido la del rigor y la coherencia al afrontar las situaciones más difíciles.

Finalmente, la archidiócesis de Munich ha respondido, con un comunicado amplio y detallado, a los interrogantes sobre el caso de un sacerdote que se había trasladado de Essen a Munich cuando el cardenal Ratzinger era arzobispo de la ciudad, sacerdote que después cometió abusos. El comunicado hace hincapié en que el arzobispo no estaba en absoluto relacionado con las decisiones tras las cuales se verificaron los abusos. Es evidente que en los últimos días se han buscado -con un cierto ensañamiento, en Ratisbona y en Múnich- elementos para involucrar personalmente al Santo Padre en las cuestiones de los abusos. Cualquier observador objetivo se da cuenta de que estos esfuerzos han fracasado.

A pesar de la tempestad, la Iglesia ve claro el camino que hay que seguir bajo la guía segura y rigurosa del Santo Padre. Como hemos tenido modo de constatar, esperamos que esta prueba pueda ayudar a toda la sociedad para hacerse cargo siempre mejor de la protección y de la formación de la infancia y de la juventud”.

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CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL PUEBLO DE DIOS - “Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”. -«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

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