Congreso `La Iglesia en la Sociedad Democrática´- Fundación Pablo VI – 3 y 4 de octubre de 2018

 

CONGRESO 

LA IGLESIA EN LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

FUNDACIÓN PABLO VI

3 y 4 DE OCTUBRE DE 2018

 

 

Para proceder con un poco de rigor en mi exposición intentaré precisar los términos y conceptos. De qué hablamos cuando queremos analizar las relaciones entre Iglesia y democracia.

Todos tenemos una idea de lo que es la Iglesia. Pero no está de más precisar algunas cosas, porque a veces en el debate social simplificamos excesivamente la realidad.

Al referirnos a la Iglesia pensamos, por supuesto, en la Jerarquía, el Sumo Pontífice, los Obispos, los Concilios con el inmenso caudal de sus escritos y enseñanzas. En mi exposición me referiré más concretamente al Concilio Vaticano II, los Papas más recientes, los Obispos españoles con sus escritos colectivos. Pero Iglesia son también plenamente los fieles católicos, con sus opiniones y preferencias, con sus adhesiones y sus rechazos. Al hablar de las relaciones entre Iglesia y democracia debemos tener en cuenta el sentir y las actuaciones de los católicos.

Democracia, según las definiciones de los Manuales de derecho político, es la forma de gobierno que reconoce al pueblo, a la sociedad, como origen y sede permanente del poder soberano. Democracia es la forma de organizar la convivencia en una sociedad donde se reconoce la libertad de la persona y la soberanía de la sociedad. El poder brota de la dignidad de la persona y del derecho de la población a autogobernarse, sin someterse a ningún poder extraño ni incontrolado.

En democracia es el pueblo el que configura la forma de gobierno, otorga los poderes a quienes gobiernan y controla permanentemente su ejercicio.

Esto es lo fundamental, aunque luego haya diferentes géneros de democracia y la forma concreta de distribuir el poder y de organizar la convivencia pueda ser muy variada.

En cualquier caso, entiendo que la democracia requiere como elementos esenciales,

  • la aprobación de las instituciones por parte del pueblo:
  • la designación de los gobernantes por el pueblo de forma directa o indirecta;
  • la limitación del poder y de su ejercicio;
  • la división de poderes:
  • el control de la autoridad por parte del pueblo o de sus representantes

 Todo ello para garantizar lo fundamental, que es que el ejercicio de la autoridad tenga como fin exclusivo y permanente el bien común de todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. El servicio al bien común es la verdadera justificación de la autoridad de los regidores y la legitimización de sus poderes. Por eso, cuando la sociedad se fracciona y el grupo dirigente no gobierna para el bien de todos sino para sus propios intereses se produce la corrupción radical de cualquier política.

 

Vea:

– Congreso `Iglesia y Democracia´ – 3 y 4 octubre de 2018

Vídeos de las ponencias:

– Vídeos de las ponencias

Vea también:

– Doctrina Social de la Iglesia

– Los católicos y la política

 

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