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Incineración: Las cenizas del Vaticano

 

LAS CENIZAS DEL VATICANO

Eugenio Rodríguez

Basta que el Vaticano se haya pronunciado sobre qué hacer con las cenizas de los difuntos para que los partidarios de hacer cenizas el Vaticano hayan saltado. Y han salido por donde suelen: que ellos hacen lo que les da gana. Ja, ja, ja… Nadie normal hace lo que le da la gana. En nada. Lo que realmente ha ocurrido es que un equipo de trabajo del Vaticano ha escuchado a mucha gente que no entiende que sea bueno echar las cenizas de un ser querido en cualquier parte. Nadie tira a cualquier parte las cosas que ama. Menos aún los restos mortales de las personas que quieres. Cuando los antropólogos estudian en qué momento del proceso evolutivo de la humanidad estamos ante algo realmente nuevo, que vemos que es verdaderamente “humano”, uno de los aspectos que observan es qué cómo vive la muerte de los seres queridos y que hace con los restos mortales. ¿Alguien aprueba las fosas comunes? ¿No son algo propio de regímenes políticos totalitarios? Los mismos que quemaban judíos se edificaban mausoleos. Los faraones se hacían embalsamar como los Lenin de todos los tiempos. ¿Y ahora lo que toca es disolver a los muertos? Sobre esto es sobre lo que quiere hacer pensar el documento vaticano que ha despertado tanto interés; o morbo.

El documento del Vaticano presenta su preocupación por dos asuntos:
1.- Repartir las cenizas no parece adecuado. El cristianismo defiende la dignidad de todo ser humano. Su trascendencia. Siguiendo una larga estela de humanidad defiende el ser humano. No es vano cree que Dios se hizo hombre. Si el hombre es imagen de Dios ¿los restos mortales no deben tratarse con máximo respeto? Un gran teólogo enseña que toda la bondad humana se deriva de tomarse en serio la humanidad de Jesús y que de no tomarse en serio la humanidad de Jesús se deriva toda la cursilería; se refería con ello al proliferar de estampitas empalagosas… respetamos a los demás pero podemos preguntarnos: ¿seguro que lo mejor que podemos hacer con las cenizas es repartirlas o meterlas en pequeños estuches que -algunos al menos- pueden acabar en la basura?

2.- Guardar las cenizas en casa. Desde los comienzos de la humanidad parece que se han establecido cementerios. Con ello se pretendía tener un lugar donde reflexionar, rezar, contemplar y -en el fondo- humanizar el hecho de la muerte. ¿Puede llevarse la muerte al extremo de la privatización que es llevarlas al hogar? ¿Las cenizas de cuantos seres queridos vamos a meter en casa? ¿Una, dos, tres, diez? ¿Puede el hogar acabar convirtiéndose en un cementerio? Puede degenerar la cosa en problema de salud e incluso, con la proliferación del fenómeno, en salud mental porque el hogar debe ser hogar y el cementerio debe ser cementerio; con ello se hace un servicio a la humanidad.

El Vaticano no se refiere a un tema que a estas alturas de la historia de la humanidad no está muy reflexionado: ¿Qué hacer con las cenizas de los bebés fallecidos antes de nacer? No hay apenas legislación, ni experiencia. Algunos hospitales lo consideran restos quirúrgicos que van a la basura; otros no. Que los padres se lleven las cenizas de estos bebés a casa parece natural pero sabemos por experiencia que ni están claras las ceremonias litúrgicas ni los protocolos sanitarios o civiles. Eso está madurando ahora y no con poca belleza. Podemos por tanto pedir a las familias que pasan por esta situación que entiendan a qué se refiere realmente al Vaticano. No se refiere a la situación que ellos viven y en la que hemos podido cometer no pocas torpezas, humanas por cierto, pero hoy la cuestión está madurando en la Iglesia.

Tampoco trata el documento vaticano sobre un tema de gran interés. En torno a la muerte se ha establecido un inmenso negocio: funerarias, tanatorios, cementerios, columbarios… Esto merece un estudio serio en el que no parecen tener mucho interés los grandes medios de comunicación, que también tienen parte en el negocio. El Vaticano no forma parte del lobby funerario. El papa Francisco está proponiendo que la Iglesia lleve a su máximo grado las posibilidades de que todo servicio religioso tenga el máximo de gratuidad. Esperamos que los que tienen tanto interés en recordar algunas normativas vivan con alegría las sugerencias pontificias en este terreno.

Después de cuarenta años trabajando (y empezó con diez) mis padres fueron al Vaticano y vinieron encantados. No querían verlo hecho cenizas. Ningún pobre lo quiere. Solo la pequeña burguesía tiene esa afición. Stalin ironizó sobre las divisiones militares que tenía el Vaticano y Hitler lo rodeó; mientras se procuraban buenos mausoleos; de ellos se avergüenzan hasta sus propios pueblos. Mientras, la inmensa mayoría de los pueblos se honra con las reflexiones y amistad del Vaticano. Dejemos por tanto de disparar contra el Vaticano y escuchemos con limpieza lo que hace una institución, la Iglesia, de la que Juan XXIII dijo que es “experta en humanidad”.

27 de octubre de 2016. 

 

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