jesus y los enfermos

Jesús y los enfermos

 

JESÚS Y LOS ENFERMOS

Centro San Camilo para la Humanización y la Pastoral de la Salud
Acompañamiento a los que sufren – Octava Unidad

Objetivos
– Acercarnos a la vida de Jesús y descubrir sus actitudes para con los enfermos
– Dinamizar nuestro trabajo pastoral a la manera de Jesús

ANALICEMOS

El milagro del amor
En el centro de la ciudad había una iglesia grande de ladrillo rojo, ventanales de colores y una alta torre con un reloj que daba las horas. En la torre había luces intermitentes para que los aviones no chocaran.
En torno a la iglesia había calles muy anchas de gran circulación. Día y noche circulaban todos en torno a la iglesia.
Dentro de la iglesia, en el altar mayor, había un Cristo, colgado de una gran cruz de madera negra. Los domingos la iglesia se llena, pero durante la semana está casi vacía. Sólo algunas viejas y alguna monja van al templo a rezar o a oír misa.
Un día cualquiera chocan dos autos frente al templo. Junto a los carros destrozados se agolpa la gente con curiosidad. Hay heridos y sangre, pero nadie ayuda a los heridos, nadie llama una ambulancia. Los heridos gimen y piden auxilio. Pero nadie se mueve.
Desde la iglesia se oyen los gemidos de los accidentados. Desde la cruz el Cristo escucha los lamentos de los heridos. Entonces, al ver que nadie socorre a los accidentados, ante el asombro de dos viejitas que estaban en el templo, el Cristo desclava sus manos y sus pies, desciende de la cruz, camina rápido por el centro del templo y sale a la calle al lugar del accidente. Los transeúntes se asombran de ver a un hombre medio desnudo con corona de espinas que se apresura al lugar del accidente, corta las hemorragias, reanima a un moribundo haciéndole respiración boca a boca, entra en una cabina para llamar una ambulancia.
La gente le reconoce y comienza a exclamar entusiasmada: ¡Es Jesús, milagro, milagro!
Pero Jesús les dice: El único milagro es el amor. De poco sirve que la gente vaya al templo si no aprende a amar, sobre todo a los necesitados. Este es mi gran mandamiento. Y lentamente Jesús se abre paso por entre la multitud, regresa de nuevo a la iglesia y se sube a la cruz.
Y cuenta la leyenda que ninguno de aquellos accidentados murió, y que desde aquel día la iglesia fue más visitada y la gente de aquella ciudad fue más solidaria…

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