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¿Quién puede pedir un certificado o partida en la Iglesia?

Certificados, ¿quiénes pueden pedirlos?

– ¿Quién puede pedir un documento eclesiástico (partida de bautismo, matrimonio, confirmación, etc.)?

Los documentos sólo los puede solicitar el propio interesado, sus responsables legales o sus herederos legales.
No se permiten intermediarios.

Para solicitar un documento eclesiástico tiene que identificarse como el titular del mismo. La identificación se realizará mediante DNI o pasaporte.

– En el caso de niños y menores de edad:
Además del DNI tiene que mostrar el Libro de Familia donde conste que el peticionario es el padre o la madre del niño.

– En el caso de una persona que no pueda acudir físicamente a retirar su partida:
El titular del documento tendrá que redactar de puño y letra una autorización para que otra persona pueda retirar el documento en su nombre. A la hora de solicitar el documento hay que presentar ante el párroco la autorización del interesado así como fotocopia de su DNI y el de la persona que ha sido autorizada.

– En el caso de un titular ya fallecido:
Los documentos de fallecidos sólo se pueden entregar a sus herederos legales. Para ello la persona que lo solicita deberá de presentar el documento correspondiente de donde se derive el parentesco legal con el fallecido. Además el peticionario deberá mostrar su DNI.

– Para personas o descendientes de personas que no saben dónde recibieron los sacramentos y/o que viven en el extranjero:
Vea en la sección SOLIDARIDAD / Emigrantes canarios.

 

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Papa Francisco: Abusos a menores – Carta al Pueblo de Dios – 20 de agosto de 2018

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL PUEBLO DE DIOS - “Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”. -«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

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