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Sacerdotes: Pecado y misericordia en la vida sacerdotal

 

PECADO Y MISERICORDIA EN LA VIDA SACERDOTAL

Leamos el texto en Mt 9,9-13:
Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de
recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba
comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus
discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué vuestro Maestro come con
publicanos y pecadores?”. Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen
necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y
no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9,9-13; cf. Mc
2,13-18; Lc 5,27-32).

Permitidme una palabra sobre el contexto del pasaje. El evangelista nos lo trasmite después de
la curación del paralítico en Cafarnaúm (Mt 9,1-8; cf. Mc 2,1-12). En esta narración, contemplando
Jesús la fe de los hombres que llevaban a aquel paralítico sobre su camilla para presentárselo, lleno
de compasión, le dijo al enfermo: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados” (Mt 9,2).
Estas palabras despertaron la oposición de los escribas allí presentes. Es más, ellos juzgaron en su
interior a Jesús como blasfemo. En realidad, estaban cerrados a reconocer la divinidad en el Maestro
galileo. El Señor no dejó esperar su reacción, realizando la curación del paralítico, precisamente para
mostrar quién era y cuál era su poder: “Para que vosotros sepáis que el Hijo del hombre tiene sobre
la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– levántate, toma tu camilla y vete a tu
casa” (Mt 9,6).

Este contexto pone de manifiesto el horizonte del pecado y de la misericordia en el ministerio
salvador de Jesús. Él pasa entre los hombres haciendo el bien, promoviendo la salvación integral de
sus hermanos y hermanas, sin reduccionismos ni espiritualistas ni de mero progreso terreno: perdona
los pecados y restablece la salud del paralítico.
Se trata de un contexto que abarca también nuestra vida y ministerio en cuanto participamos y
prolongamos el ministerio salvador de Jesús. En efecto, el Señor asoció a su misión a sus apóstoles y
a otros discípulos durante su vida terrena (Mt 10,5-14; Mc 6,7-11; Lc 9,1-5; 10,1-11) y, luego,
resucitado, los envió a extender su salvación hasta los confines del mundo, abarcando todos los
tiempos hasta que Él vuelva en gloria a consumar su obra (cf. Mt 28,16-20; Mc 16,15-16; Jn 20,21-
23). A través de los siglos, el ministerio salvador del Señor ha sido participado y se ha prolongado en
el ministerio de los Obispos, sucesores de los apóstoles, y en la colaboración ministerial que ellos
reciben de los presbíteros y diáconos.

Vea:

– Pecado y misericordia en la vida sacerdotal

 

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