El sacerdote en un mundo herido. Las heridas de nuestro mundo

 

 

El sacerdote en un mundo herido. Las heridas de nuestro mundo.
D. Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona, España.

Ponencia presentada en el Encuentro de Delegados y Vicarios del Clero
Madrid, 27 de Mayo 2008 

Me toca a mí abrir estas jornadas disertando sobre una cuestión compleja, la situación del sacerdote ante un mundo herido. Para simplificar un poco las cosas comencemos por acotar bien el objeto de nuestras consideraciones. Intentaremos aclararnos un poco sobre esta inquietante cuestión, ¿cómo viven nuestros sacerdotes en el contexto de nuestro mundo tan herido? Este va a ser el objeto de las jornadas completas. Esta mañana me toca a mí hablar especialmente acerca de cómo es nuestro mundo, cuales son sus heridas más dolorosas, las más profundas, quizás las menos confesadas.

Si vemos con una cierta claridad cuales son los males de nuestro mundo, nos resultará más fácil saber con qué bálsamos nos tenemos que acercar a él, cuales tienen que ser las actitudes de nosotros pastores, qué verdades, qué sentimientos, qué propuestas de la vida cristiana son las más necesarias, las más curativas, cómo y dónde y cuándo tenemos que ofrecer o aplicar las medicinas que nuestros hermanos necesitan.

 

Cargador Cargando...
Logotipo de EAD ¿Tarda demasiado?

Recargar Recargar el documento
| Abrir Abrir en una nueva pestaña

Descargar [142.36 KB]

 

Vea la ponencia completa:

– Sacerdote en un mundo herido

 

Print Friendly, PDF & Email

Artículos relacionados:

Otros temas de interés

buscar rostro

Libro electrónico: “Tu rostro buscaré, Señor. Orar con los salmos”

De la fuente inagotable de la Escritura podemos sacar el caudal necesario para enriquecer nuestra oración personal, creando con la palabra de Dios y con nuestra realidad concreta el edificio de la oración personal propia, ya que: «Los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esa sensación los recitan» (San Atanasio).