¿Pueden recibir sacramentos las personas católicas separadas y divorciadas no casadas de nuevo ni que vivan juntas en parejas?

Sacramentos para separados y divorciados no casados de nuevo

SEPARADOS Y DIVORCIADOS NO CASADOS DE NUEVO
¿Pueden recibir sacramentos?

d) Separados y divorciados NO casados de nuevo

83. Motivos diversos, como incomprensiones recíprocas, incapacidad de abrise a las relaciones interpersonales, etc., pueden conducir dolorosamente el matrimonio válido a una ruptura con frecuencia irreparable. Obviamente la separación debe considerarse como un remedio extremo, después de que cualquier intento razonable haya sido inútil.

La soledad y otras dificultades son a veces patrimonio del cónyuge separado, especialmente si es inocente. En este caso la comunidad eclesial debe particularmente sostenerlo, procurarle estima, solidaridad, comprensión y ayuda concreta, de manera que le sea posible conservar la fidelidad, incluso en la difícil situación en la que se encuentra; ayudarle a cultivar la exigencia del perdón, propio del amor cristiano y la disponibilidad a reanudar eventualmente la vida conyugal anterior.

Parecido es el caso del cónyuge que ha tenido que sufrir el divorcio, pero que —conociendo bien la indisolubilidad del vínculo matrimonial válido— no se deja implicar en una nueva unión, empeñándose en cambio en el cumplimiento prioritario de sus deberes familiares y de las responsabilidades de la vida cristiana. En tal caso su ejemplo de fidelidad y de coherencia cristiana asume un particular valor de testimonio frente al mundo y a la Iglesia, haciendo todavía más necesaria, por parte de ésta, una acción continua de amor y de ayuda, sin que exista obstáculo alguno para la admisión a los sacramentos.

(FAMILIARIS CONSORTIO
CUARTA PARTE
PASTORAL FAMILIAR:TIEMPOS, ESTRUCTURAS, AGENTES Y SITUACIONES)

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Advierte que resulta habitual que “durante la celebración litúrgica, o después, uno de los contrayentes sorprenda al otro, y a los propios invitados, con una canción profana”. Cita también las intervenciones de familiares y amigos en el ambón, “recitando poesías o discursos llenos de tópicos improcedentes, multiplicándose los aplausos y convirtiendo la celebración sacramental en un espectáculo de escaso gusto”.