Sufrimiento salvifico

Juan Pablo II: Carta Apostólica “Salvifici Doloris” (El valor salvífico del sufrimiento) – 29 de marzo 1984

 

JUAN PABLO II: CARTA APOSTÓLICA “SALVIFICI DOLORIS” (El valor salvífico del sufrimiento)  (29 de marzo de 1984)

Vea también:

– El sufrimiento cristiano. Actualidad de la “Salvifici doloris” de Juan Pablo II

– El sufrimiento humano

– Catástrofes

El sentido del sufrimiento Casi siempre que el hombre se encuentra con el dolor -físico o moral- hay una tentación de rechazo y surgen inevitablemente las preguntas: ¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Para qué? ¿Por qué el mal en el mundo? El hombre no hace estas difíciles preguntas sólo a los hombres, sino también a Dios Creador. ¿Cuál es la respuesta?…

El sentido del sufrimiento

Casi siempre que el hombre se encuentra con el dolor -físico o moral- hay una tentación de rechazo y surgen inevitablemente las preguntas: ¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Para qué? ¿Por qué el mal en el mundo? El hombre no hace estas difíciles preguntas sólo a los hombres, sino también a Dios Creador.

¿Cuál es .la respuesta? En su carta apostólica “Salvífici doloris” Juan Pablo II, que ha sentido el dolor en su propia carne, expone con profundidad el significado del sufrimiento. Resumimos algunas líneas esenciales de este documento.

¿Qué es el mal?

El Papa no se refiere sólo al sufrimiento físico. Habla también del sufrimiento moral -“dolor del alma”-, cuya extensión no es menor que el dolor físico, más alcanzable por la terapéutica. En cualquier tipo de sufrimiento “se halla siempre una experiencia de mal, a causa del cual el hombre sufre”. Por eso, “la realidad del sufrimiento supone una pregunta sobre la esencia del mal: ¿qué es el mal?”.

La respuesta cristiana a esa pregunta es distinta de la que dan algunas tradiciones culturales y religiosas, que creen que la existencia es un mal del cual hay que liberarse. El cristianismo proclama el esencial bien de la existencia y el bien de lo que existe,” profesa la bondad del Creador y el bien de las creaturas. El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que él mismo se ha privado. Sufre en particular cuando ‘debería’ tener parte -en circunstancias normales- en este bien y no lo tiene”.

Reparación del mal moral

El sufrimiento se da en cada hombre y en el mundo. El Papa alude a las calamidades naturales, epidemias o catástrofes. “Pensemos, finalmente, en la guerra. Hablo de ella de modo especial. Hablo de las dos últimas guerras mundiales, de las que la segunda ha traído consigo un cúmulo todavía mayor de muerte y un pesado acervo de sufrimientos humanos. A su vez, la segunda mitad de nuestro siglo -como en proporción con los errores y transgresiones de nuestra civilización contemporánea- lleva en sí una amenaza tan horrible de guerra nuclear, que no podemos pensar en este periodo sino en términos de un incomparable acumularse de sufrimientos, hasta llegar a la posible autodestrucción de la humanidad”.

A diferencia del animal, el hombre sabe que sufre y, lleno de asombro y de inquietud, se pregunta por la finalidad del sufrimiento. “Dios espera la pregunta y la escucha, como podemos ver en la Revelación del Antiguo Testamento“. Tras un minucioso análisis del libro de Job -donde esta pregunta encuentra su más viva expresión-, el Papa recuerda que “al mal moral del pecado corresponde el castigo“, pues “el orden moral objetivo requiere una pena por la trasgresión, por el pecado y por el reato. El sufrimiento aparece, bajo este punto de vista, como un mal justificado’“.

Sin embargo, el sufrimiento de Job es el de un inocente. Por eso, subraya Juan Pablo II, “si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y tenga carácter de castigo“. También “el sufrimiento tiene carácter de prueba“.

Para la conversión

En el Antiguo Testamento, además, se pone de relieve “el valor educativo de la pena-sufrimiento“. Dios corrige a su pueblo para convertirle y así, con el sufrimiento, “crea la posibilidad de reconstruir el bien en el mismo sujeto que sufre“. “El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia. La penitencia tiene como finalidad superar el mal, que bajo diversas formas está latente en el hombre, y consolidar el bien“.

Pero para poder percibir la verdadera respuesta al ‘por qué’ del sufrimiento tenemos que volver nuestra mirada a la revelación del amor divino, fuente última del sentido de todo lo existente. El amor es también la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio“.

A la luz de la redención

“Porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3,16). Comentando estas palabras, el Papa .distingue dos dimensiones del sufrimiento: la temporal y la definitiva, es decir, el sufrimiento irreparable de perder la vida eterna. “Como resultado de la obra salvífica de Cristo, el hombre existe sobre la tierra con la esperanza de la vida y de la santidad eternas. Y aunque la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por Cristo con su cruz y resurrección, no suprime los sufrimientos temporales de la vida humana, sobre cada sufrimiento esta victoria proyecta una luz nueva, que es la luz de la salvación“.

Esta verdad de la Redención “cambia radicalmente el cuadro de la historia del hombre y su situación terrena“, afirma el Papa. “El Redentor ha sufrido en vez del hombre y por el hombre. Todo hombre tiene su participación en la Redención. Cada uno está llamado también a participar en ese Sufrimiento mediante el cual se ha llevado a cabo la redención“.

Si “todo hombre, en el sufrimiento, puede hacerse partícipe del sufrimiento redentor de Cristo“, también “quienes participan en los sufrimientos de Cristo están llamados, mediante sus propios sufrimientos, a tomar parte en la gloria“. Desde esta perspectiva, el sufrimiento se puede considerar, además, como “una llamada a manifestar la grandeza moral del hombre, su madurez espiritual“, como “una prueba -a veces bastante dura-, a la que es sometida la humanidad” o como “una particular llamada a la virtud“.

Carácter creador del sufrimiento

En la epístola a los Colosenses leemos las palabras que constituyen casi la última etapa del itinerario espiritual respecto del sufrimiento. San Pablo escribe: ‘Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia’ (Col 1, 24)“. El que sufre en unión con Cristo no sólo saca su fuerza de Cristo, “sino que ‘completa’ con su sufrimiento lo que falta a los padecimientos de Cristo. En este marco evangélico se pone de relieve, de modo particular, la verdad sobre el Carácter creador del sufrimiento“.

“¿Esto quiere decir que la redención realizada por Cristo no es completa? Esto significa únicamente que la redención permanece constantemente abierta a todo amor que se expresa en el sufrimiento humano. En esta dimensión -en la dimensión del amor-, la redención ya realizada plenamente se realiza, en cierto sentido, constantemente“.

El evangelio del sufrimiento

Cristo no escondía a sus oyentes la necesidad del sufrimiento. “Decía muy claramente: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí… tome cada día su cruz‘, y a sus discípulos ponía unas exigencias de naturaleza moral, cuya realización es posible sólo a condición de que ‘se nieguen a sí mismos’“. De ahí las persecuciones contra los discípulos “en diversos periodos de la historia y en diferentes lugares de la tierra, aun en nuestros días“.

Este primer capítulo del Evangelio del sufrimiento, que habla de las persecuciones por causa de Cristo, contiene en sí una llamada especial al valor y a la fortaleza“, al igual que el otro gran capítulo, escrito por “todos los que sufren con Cristo, uniendo los propios sufrimientos humanos a su sufrimiento salvador“.

Quien entra en el sufrimiento con una protesta y con la pregunta del por qué, “no puede dejar de notar que Aquel a quien se pregunta sufre El mismo, y por consiguiente quiere responderle desde la cruz, desde el centro de su propio sufrimiento“. No es una mera respuesta abstracta sobre el sentido del sufrimiento, sino una llamada. “Es una vocación. Cristo no explica abstractamente las razones del sufrimiento, sino que ante todo dice: ‘Sigúeme’, ‘Ven’, toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvación del mundo, que se realiza a través de mi sufrimiento“. Si se responde a esta llamada, “entonces el hombre encuentra en su sufrimiento la paz interior e incluso la alegría espiritual“.

Un servicio insustituible

Así se supera el “sentido de inutilidad del sufrimiento” o la “sensación deprimente” de quien se considera a sí mismo inútil, condenado a ser atendido por los demás. Con esta fe en la participación de la cruz de Cristo, se entiende que el sufrimiento de un hombre “sirve, como Cristo, para la salvación de sus hermanos y hermanas. Por lo tanto, no sólo es útil a los demás, sino que realiza incluso un servicio insustituible“.

Comentando la parábola del buen samaritano, el Papa subraya que también ante el sufrimiento del prójimo, “el hombre debe sentirse llamado personalmente a testimoniar el amor“, a salir con diversas iniciativas al encuentro del dolor ajeno. “Esto se refiere a los sufrimientos físicos, pero vale todavía más si se trata de los múltiples sufrimientos morales, y cuando la que sufre es ante todo el alma“.

En definitiva, “Cristo al mismo tiempo ha enseñado al hombre a hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre. Bajo este doble aspecto ha manifestado cabalmente el sentido del sufrimiento“.

Aceprensa. (29 febrero 1984)

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