Día seminario 2020

Se aplaza el Día del Seminario 2020 y la admisión de candidatos al Orden Sagrado

 

DÍA DEL SEMINARIO 2020

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– Seminario Diocesano de Canarias

 

Día seminario 2020

 

La Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios ha decidido aplazar la celebración del Día del Seminario al domingo 3 de mayo de 2020, 4º Domingo de Pascua, celebración del Buen Pastor.

El rito de la admisión de dos seminaristas como candidatos al Orden Sagrado que estaba previsto para el día 19, día de san José, en Ingenio queda suspendido hasta nuevo aviso.

 

«Pastores misioneros» es el lema de este año para el Día del Seminario. Esta jornada se celebra el 19 de marzo, solemnidad de San José. En las comunidades autónomas en las que no es festivo, el domingo más cercano. En este caso, el 22 de marzo. La Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades es la encargada de editar los materiales preparatorios.

“El lema elegido para esta campaña, «Pastores misioneros», -se especifica en la reflexión que acompaña los materiales- intenta recoger, sin agotarla, la identidad del sacerdocio ministerial. Los sacerdotes, en cuanto que participan del sacerdocio de Cristo Cabeza, Pastor, Esposo y Siervo (PDV, n. 15), son llamados en verdad «pastores de la Iglesia»; y en cuanto enviados por Cristo, con los Apóstoles (Mt 28, 19ss), son esencialmente misioneros dentro de una Iglesia toda ella misionera”.

El Día del Seminario se celebra desde el año 1935 con el objetivo de suscitar vocaciones sacerdotales mediante la sensibilización, dirigida a toda la sociedad, y en particular a las comunidades cristianas.

“Pastores misioneros”
19-22 de marzo de 2020

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¿En dónde arraigamos de verdad la identidad en la vida sacerdotal? La llamada recibida, que es esencialmente un don de elección, una invitación de amistad, es nuestro signo mayor de identidad: le pertenecemos al Señor porque Él nos eligió, nos bendijo, nos perdonó, nos curó las heridas, nos santificó, nos regaló compañeros, nos envía en misión, etc. Nuestra crónica de identidad es tanto una historia personal de salvación, la historia de amor de Dios en cada uno de nosotros, como una historia común, la que nos vincula al cuerpo del que formamos parte. Pero también la identidad se funda en la revitalización de la misión recibida: somos enviados para dar fruto abundante. Y así el envío es nuestro camino de sabernos suyos, de estar con él fructificando, desplegando lo que somos en la misión de trabajar y vivir por y para el Reino de Dios que se está realizando activamente en nuestra historia. Los frutos que damos forman parte de lo que somos y de lo que podemos dar a los demás como alimento, como vida compartida y fecunda.

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