Campamento vocacional de verano 2017

 

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Teología del sacerdocio y vocación

¿En dónde arraigamos de verdad la identidad en la vida sacerdotal? La llamada recibida, que es esencialmente un don de elección, una invitación de amistad, es nuestro signo mayor de identidad: le pertenecemos al Señor porque Él nos eligió, nos bendijo, nos perdonó, nos curó las heridas, nos santificó, nos regaló compañeros, nos envía en misión, etc. Nuestra crónica de identidad es tanto una historia personal de salvación, la historia de amor de Dios en cada uno de nosotros, como una historia común, la que nos vincula al cuerpo del que formamos parte. Pero también la identidad se funda en la revitalización de la misión recibida: somos enviados para dar fruto abundante. Y así el envío es nuestro camino de sabernos suyos, de estar con él fructificando, desplegando lo que somos en la misión de trabajar y vivir por y para el Reino de Dios que se está realizando activamente en nuestra historia. Los frutos que damos forman parte de lo que somos y de lo que podemos dar a los demás como alimento, como vida compartida y fecunda.