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Libro electrónico: “Tu rostro buscaré, Señor. Orar con los salmos”

De la fuente inagotable de la Escritura podemos sacar el caudal necesario para enriquecer nuestra oración personal, creando con la palabra de Dios y con nuestra realidad concreta el edificio de la oración personal propia, ya que: «Los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esa sensación los recitan» (San Atanasio).