Símbolos y signos en la liturgia católica

Los símbolos en las celebraciones católicas

 

ELEMENTOS SIMBÓLICOS EN LA LITURGIA CATÓLICA

Vea también:

– ¿Qué es un símbolo?

– Los símbolos

Los seres humanos, es decir, seres compuestos de cuerpo y espíritu, de elementos externos y de elementos internos. Por consiguiente, nuestra actividad, también la liturgia, ha de ser externa e interna. Por eso empleamos signos, gestos, palabras y diversas acciones como expresión de la correspondiente actitud interior. La concurrencia de lo externo con lo espiritual ayuda a captar mejor la realidad y a enriquecer la vivencia.

Signo y Símbolo
Signo y símbolo son dos realidades distintas:

El Signo es una señal, una realidad externa, que remite a otra realidad distinta, bien determinada, clara, comprendida racionalmente.

Hay signos naturales y signos convencionales.
Los signos naturales llevan su significado en lo que son. Ejemplo: el humo, que indica fuego; la sonrisa, que expresa alegría.
Los signos convencionales significan lo que las personas hemos convenido que signifiquen. Ejemplo: señales de tránsito, de peligro (una calavera), etc.

– El Símbolo es un elemento sensible que remite a una realidad de otro orden, percibida en forma más intuitiva que racional, es decir, a una realidad no captada plenamente en el orden del razonamiento.

El motivo por el cual la realidad simbolizada no es percibida con precisión racional, es que tal realidad afecta a lo más radical de nuestra propia persona o a algo trascendente. Y lo más radical, lo más profundo, escapa de nuestro raciocinio; esas realidades son experimentadas, sentidas, vividas, pero no razonadas.

Al no estar situado en el plano ordinario de lo racional, el símbolo no emplea el lenguaje corriente, sino un lenguaje figurado: el lenguaje simbólico. Pero no es ajeno a la razón, porque signo y símbolo se corrigen mutuamente, es decir, evitan que caigamos en el ámbito estrecho de lo que nosotros podemos razonar o en el exceso contrario: el ámbito de lo imaginativo desligado de la razón. Y, al mismo tiempo, se complementan uniendo esos dos mundos.

• La liturgia necesita símbolos
Puesto que el símbolo es el lenguaje propio de las experiencias profundas y de lo trascendente, la liturgia los necesita. Sin símbolos no podría referirse ni experimentar o vivir lo más profundo. Quedaría en lo superficial.

Cuando en la liturgia se quiere explicar todo (es decir, razonarlo), se elimina de ella la mayor riqueza. Cuando se quiere tener todo muy claro, sólo se ve la superficie. En es caso, “el precio de la claridad es la pérdida de profundidad” (P. Ricoeur). Lo que se muy claro es sólo la corteza. “El racionalismo es un enemigo de la celebración y de la ciencia litúrgica” (P. Fernández).

En algunas celebraciones se suceden sin cesar las explicaciones de todo. Eso perjudica grandemente la vivencia de la liturgia.

 

 

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– Elementos simbólicos en la liturgia católica

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