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Los católicos y el trabajo

 

LOS CATÓLICOS Y EL TRABAJO

Los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente. El Magisterio social de la Iglesia ha considerado oportuno enunciar algunos de ellos, indicando la conveniencia de su reconocimiento en los ordenamientos jurídicos: el derecho a una justa remuneración; el derecho al descanso; el derecho « a ambientes de trabajo y a procesos productivos que no comporten perjuicio a la salud física de los trabajadores y no dañen su integridad moral »; el derecho a que sea salvaguardada la propia personalidad en el lugar de trabajo, sin que sean « conculcados de ningún modo en la propia conciencia o en la propia dignidad »; el derecho a subsidios adecuados e indispensables para la subsistencia de los trabajadores desocupados y de sus familias; el derecho a la pensión, así como a la seguridad social para la vejez, la enfermedad y en caso de accidentes relacionados con la prestación laboral; el derecho a previsiones sociales vinculadas a la maternidad; el derecho a reunirse y a asociarse. Estos derechos son frecuentemente desatendidos, como confirman los tristes fenómenos del trabajo infraremunerado, sin garantías ni representación adecuadas. Con frecuencia sucede que las condiciones de trabajo para hombres, mujeres y niños, especialmente en los países en vías de desarrollo, son tan inhumanas que ofenden su dignidad y dañan su salud.

Vea:
– Doctrina Social de la Iglesia sobre el trabajo humano

 

 

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FRANCISCO, HOMBRE LIBRE -Eugenio A. Rodríguez - La sensación que me deja la última exhortación de Francisco ("Alégrense y regocíjense") es que es un hombre libre. No se pueden decir las cosas que dice si no las ha vivido intensamente. Habla de la santidad, sí, pero no es estudio o tratado sobre la santidad. Habla de la vida concreta del que quiere ser santo. La libertad le brota por todas partes, como la mística a Pablo VI, el coraje a Juan Pablo II o la humildad a Benedicto XVI. Francisco dice lo que quiere sin medir, sin calcular.

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