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Educar en valores

 

EDUCAR EN VALORES

LOS VALORES
Son los principios que sirven para guiar las conductas de las personas, por los que hacemos o dejamos de hacer algo en un momento dado. Son cualidades que nos sugieren que una conducta es social o personalmente mejor que otras que consideramos opuestas. También influyen en el modo en que nos trazamos los objetivos en la vida.

EDUCACIÓN EN VALORES
Cuando se habla de valores, de su adquisición, nos estamos refiriendo al aprendizaje o a la búsqueda de mecanismos que permitan un cambio de conducta.

La integración de determinados valores en el aprendizaje debe hacerse de manera intencionada y consciente: no solo debemos pensar en el contenido, sino en la relación que poseen con la realidad que la persona está viviendo. Debe saberse interpretar y comprender adecuadamente a través de la cultura y, por lo tanto, del comportamiento científico y cotidiano. En ese sentido, el valor también es conocimiento, pero es algo más, es sentimiento y afectividad en el individuo. Por ello, educar en valores significa extender el alcance de la educación más allá del aprendizaje de conocimientos disciplinares. Las áreas y materias nos muestran el “qué” y el “cómo”; los valores, el “para qué”. Así, el aprendizaje de un conocimiento matemático, físico o profesional debe ser tratado en todas sus dimensiones: histórica, política, moral, etc., subrayando la intencionalidad hacia la sociedad.

Visto así, el proceso de enseñanza y el de aprendizaje adquieren un nuevo contenido por su carácter integral.

Desarrollar la Educación en valores implica:

– Encaminar el proceso educativo hacia el modelo ideal de formación: desarrollar el vínculo con la realidad a través de lo socialmente significativo de ésta en el proceso educativo, dando sentido a la formación socio-humanista.

– Determinar estrategias didácticas que involucren a los sujetos del proceso en una actividad consciente, protagónica y comprometida: intencionalizar los valores en este proceso implica determinar los sistemas de valores y sus contenidos en el diseño curricular y precisar los principios didácticos que condicionan una manera específica de planificar, ejecutar
y evaluar el proceso de enseñanza que influye en el nuevo tratamiento de las relaciones de los componentes de la didáctica.

– Precisar la cualidad orientadora del proceso educativo: connotar lo socialmente significativo de la realidad hacia el redimensionamiento humano de todos los componentes del proceso.

– Integrar las particularidades de formación y desarrollo de los valores en la didáctica del proceso de formación: enriquecer la didáctica del saber y del saber hacer con el saber ser, del contenido y del método, etc. así como apoyarse entre ellas.

La educación en valores es un proceso sistémico, pluridimensional, intencional e integrado que garantiza la formación y el desarrollo de la personalidad consciente; se concreta a través de lo curricular y extracurricular. Debe y puede incidir en lo que se quiere ser y se quiere hacer y lo que se puede ser y se puede hacer en cada momento de la vida o, al menos, es más factible, lo que al final es decisión del individuo.

Educar en valores no consiste en “recitar” lo que se debe hacer, sino en enseñar a asumir el compromiso con la sociedad. Por tanto, no se pueden enseñar valores de la misma forma que se enseñan conceptos. Es preciso poner en juego una serie de estrategias y de dinámicas de relaciones que tienen como objetivo formar en civismo y en modelos de convivencia basados en el respeto, la empatía y la igualdad, que llevan asociadas la inclusión y las ideas democráticas y solidarias.Esto conlleva plantear metas relacionadas con el ámbito moral, con el objetivo de formar ciudadanas y ciudadanos responsables.

 

 

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