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¿Qué es un instituto de vida secular?

 

¿QUÉ ES UN INSTITUTO DE VIDA SECULAR?
Un Instituto Secular es un Instituto de Vida Consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él.

¿CUÁNDO APARECEN EN LA IGLESIA LOS INSTITUTOS SECULARES?
Los Institutos Seculares son una realidad todavía muy joven en la Iglesia. Surgen en la primera mitad del siglo XIX y son aprobados por el Papa Pío XII en 1947, con su Constitución Apostólica “Provida Mater Ecclesia”. Hasta entonces todas las personas que deseaban consagrarse a Dios tenían que abandonar el mundo y entrar en Religión, bien en una Orden Religiosa, bien en una Congregación. Desde que aparecen los Institutos Seculares, quienes allí se sienten llamados por Dios, pueden consagrarse a Él sin dejar de ser seglares.

SON SEGLARES Y TOTALMENTE CONSAGRADO A DIOS
En efecto, el miembro de un Instituto Secular es plenamente seglar y plenamente consagrado, uniendo en sí dos realidades que hasta entonces eran incompatibles. Está plenamente consagrado a Dios como el religioso y es plenamente seglar como todos los demás cristianos no clérigos ni religiosos.

Los Institutos Seculares unen dos notas esenciales que hasta que ellos surgen se veían como incompatibles: la secularidad (que sus miembros siguen siendo laicos o seglares) y la consagración total a Dios de la propia vida. De ahí que no sean fáciles de comprender por muchos que no acaban de descubrir la novedad del don que el Espíritu Santo ha hecho a su Iglesia.

Tal y como han enseñado los Papas desde Pío XII hasta Juan Pablo II, los Institutos Seculares han sido un invento del Espíritu Santo, que constantemente renueva la faz de su Iglesia, para responder a las graves necesidades del momento actual de la historia de la Iglesia.
Hasta que surgen estos providenciales institutos, la persona que deseaba entregar totalmente, sin dividir, su corazón al Señor, debía entrar en Religión, en alguna Orden o Congregación. Desde la aprobación de los Institutos Seculares, además de aquella posibilidad, la persona que lo desee puede consagrar su corazón a Dios por medio de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, sin tener que entrar en Religión, sino permaneciendo en el mundo como un laico más.

De este modo, el miembro de un Instituto Secular es plenamente laico y plenamente consagrado a Dios. Nada pierde su consagración por el hecho de vivirse en medio del mundo, en las más variadas profesiones y ambientes sociales. Nada pierde de su carácter secular, de su ser de laico, por el hecho de estar consagrado a Dios, antes bien, se convierte –si es fiel a su vocación– en el laico ejemplar, en el modelo del comportamiento que debe tener todo laico o seglar realmente cristiano, que aspira verdaderamente a la santidad.

Es urgente conocer y dar a conocer esta vocación tan actual y tan urgente de personas que se consagren a Dios en los Institutos Seculares, como nos ha dicho el Papa Juan Pablo II. Hoy en día la mayor parte de los campos de actividad humana que rigen el mundo y determinan para toda la humanidad modelos de comportamiento se hallan en manos de los seglares, de los laicos. Si en cada uno de esos campos de actividad existen personas consagradas a Dios, que aman al Señor como amor único y exclusivo de su vida y, a la vez, son plenamente competentes en el ejercicio de su profesión, la cual la ven como un instrumento para llevar las almas a Cristo y para ordenar todas las realidades humanas según Dios, entonces ciertamente el mundo será renovado y trasformado por el poder redentor de Cristo.

Además, también los clérigos pueden formar parte de los Institutos Seculares. Los sacerdotes son segregados del pueblo de Dios para dedicarse al ministerio de la Palabra y de los Sacramentos por la gran trascendencia de estos medios sobrenaturales para lograr la salvación de las personas y aun el mismo bien material del mundo. Pero no pierden su carácter secular, su relación intrínseca con el mundo, si bien es cierto que ese carácter secular adquiere un matiz diferente de los laicos o seglares. Y de ahí que su misión haya de ser distinta de aquéllos. Mas no hay una ruptura con el mundo como la que se da en los religiosos en sentido estricto.

Como son múltiples las circunstancias y las necesidades del mundo, son múltiples también las formas de los Institutos Seculares. Los hay sólo femeninos, la mayoría. Otros son sólo de seglares masculinos, otros de seglares masculinos y clérigos y, por fin, hay que tienen laicos tanto varones como mujeres, aunque por supuesto formando ramas diversas, y clérigos.

Algunos tienen vida en comunidad, otros están formados por miembros que viven con sus propias familias, otros por miembros que viven solos, otros combinan en sí mismos diversas posibilidades, mas siempre los miembros mantienen estrecha relación entre sí y una vida fraterna de acuerdo con el carisma propio.

Algunos tienen obras propias de apostolado, otros las rechazan por norma. En fin, existe dentro de estos institutos un sano y rico pluralismo que la Iglesia siempre ha mantenido y defendido.

Son, en definitiva, una institución realmente providencial, cuyo carisma coincide con algunas de las líneas fundamentales subrayadas por el Concilio Vaticano II (vocación universal a la santidad, presencia en el mundo para cambiarlo y santificarlo, apostolado seglar a modo de levadura, etc). Si permanecen fieles a su misión, serán en estos tiempos tan difíciles, el laboratorio experimental en el cual la Iglesia verifica cuáles han de ser sus relaciones con el mundo.

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