¿Cómo vivir el Adviento?

 

¿Cómo vivir el Adviento?

El Adviento siempre nos invita a mirar al pasado, presente y futuro de nuestro caminar. Miramos hacia el pasado, meditando en las promesas que alimentaban la esperanza de un pueblo que caminaba en medio de la oscuridad, ansiando la luz de salvación. Recordamos la reconciliación que nos ha traído el Señor Jesús, encarnándose en la Virgen María y revelándonos que Dios es Amor.

Debemos mirar hacia el futuro, hacia la meta a la cual caminamos. En este tiempo se evidencia con mayor fuerza la dimensión escatológica, o de «las realidades últimas», del misterio cristiano. El Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, ha prometido venir definitivamente en la consumación de los tiempos para hacer partícipes de un «Domingo sin ocaso» a todos aquellos que hayan perseverado con fidelidad en su amor.

Debemos mirar hacia el presente de nuestra peregrinación. En este tiempo debemos celebrar y abrirnos a la venida constante del Señor Jesús a nuestras vidas y al mundo entero. Dios viene ahora, a nosotros; de muchas maneras: En el pobre, en el que sufre, en el que está solo, en el que está a mi lado y necesita de mí, en los sacramentos y en la oración y cuando nos reunimos en su nombre, acogiendo sus palabras: “Donde dos o más se reúnan en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, y por ello debemos tener nuestro corazón abierto para acogerlo.

Queremos sugerirte algunos medios concretos para vivir este tiempo de espera, sabiendo también que no son los únicos que encontrarás para mostrar tu amor a Dios, a ti mismo y a los hermanos en el Adviento, y recibamos con gozo la Nochebuena.

Obras de misericordia corporales:

1. Visitar a los enfermos

2. Dar de comer al hambriento

3. Dar de beber al sediento

4. Dar posada al peregrino

5. Vestir al desnudo

6. Visitar a los presos

7. Enterrar a los difuntos

Obras de misericordia espirituales:

1. Enseñar al que no sabe

2. Dar buen consejo al que lo necesita

3. Corregir al que se equivoca

4. Perdonar al que nos ofende

5. Consolar al triste

6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

7. Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Actos de caridad y ofrecimientos en el hogar:

– Ayudar a limpiar, ordenar, lavar, planchar o quehaceres de la casa en los cuales me pueda involucrar.

– Hacer una o más obras de caridad por alguien que vive conmigo.

– Ayudar a adornar la casa en el Adviento y preparar la casa para recibir a Jesús en la Navidad.

– Tener gestos de amor con alguien, con quien me cuesta en la casa o la familia (regalarle un chocolate, tender su cama, lustrar sus zapatos, etc.).

– Buscar cosas que me cuesten hacer o dejar de hacer para ofrecerlas a Dios por alguna intención particular.

Actos de caridad en el trabajo:

– Tratar de vivir la puntualidad: al llegar, al salir, al entregar los pendientes, etc.

– Tener siempre una actitud servicial, sabiendo que todo lo que hacemos es para ayudar a que alguien mejore y crezca como persona; hijo de Dios. Por tanto, dejar de lado el mal humor, dejar de hacer las cosas por cumplir o de mala gana, ofreciéndole al Señor por el perdón de tus pecados y la conversión de los pecadores.

– Aprovechar tu tiempo.

– Ayudar a algún compañero de trabajo sin esperar nada a cambio.

– Tener tu espacio de trabajo ordenado y con alguna imagen sagrada que te ayude a estar en presencia de Dios.

Combate espiritual:

– Lucha contra la pereza (perder el tiempo, dejar para después lo que puedo hacer hoy, ser ordenado).

– Lucha contra la gula (no comer o beber lo que me hace daño, ser moderado, renunciar a algún gusto lícito (golosina por ejemplo) y ofrecerla por el tiempo de Adviento.

– Lucha contra la lujuria (moderarme en lo que veo, escucho o pienso).

– Lucha contra la impaciencia: cuando manejo, con los hijos, con la esposa(o), con los ancianos, con el que te ofende.

Vida espiritual:

– Participación en la eucaristía.

– Visita al Santísimo.

– Rezo del rosario.

– Confesión.

– Lectura bíblica.

– Laudes / Completas.

– Bendición de alimentos.

– Rezo del ángelus.

– Participación en las liturgias de Adviento.

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Sufrimiento salvifico

Juan Pablo II: Carta Apostólica “Salvifici Doloris” (El valor salvífico del sufrimiento) – 29 de marzo 1984

El sentido del sufrimiento. Casi siempre que el hombre se encuentra con el dolor -físico o moral- hay una tentación de rechazo y surgen inevitablemente las preguntas: ¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Para qué? ¿Por qué el mal en el mundo? El hombre no hace estas difíciles preguntas sólo a los hombres, sino también a Dios Creador. ¿Cuál es la respuesta? "La respuesta cristiana a esa pregunta es distinta de la que dan algunas tradiciones culturales y religiosas, que creen que la existencia es un mal del cual hay que liberarse. El cristianismo proclama el esencial bien de la existencia y el bien de lo que existe," profesa la bondad del Creador y el bien de las creaturas. El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que él mismo se ha privado. Sufre en particular cuando 'debería' tener parte -en circunstancias normales- en este bien y no lo tiene".

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