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Vivir es la salida

Vivir es la salida. Plan de prevención del suicidio y manejo de la conducta suicida

 

Vivir es la salida.

Plan de prevención del suicidio y manejo de la conducta suicida

El suicidio es un grave problema de salud pública y se calcula que cada año se suicidan más de 800.000 personas en el mundo y por cada una de ellas se realizan muchos más intentos de suicidio. Además, los suicidios y los intentos de suicidio afectan, tanto directa como indirectamente a otras personas y generan un grave impacto sobre quienes sobreviven “survivors”, como cónyuges, madres y padres, hijos e hijas, familia, amistades, personas del ámbito laboral y coetáneas, tanto a corto como a largo plazo. Se estima que cada suicido afecta de forma directa de seis a catorce familiares o amistades (Jordan&Mcintosh 2011).

Los datos de los que se dispone actualmente confirman que el suicidio es prevenible y que se precisa de un enfoque multisectorial para que las estrategias de prevención sean eficaces.

La OMS en 2008, en el Programa de Acción para superar las brechas en salud mental, considera el suicidio como una de las cuestiones prioritarias y proporciona asesoramiento técnico basado en datos científicos para mejorar y ampliar la prestación de servicios en los diferentes países y el Plan de Acción sobre Salud Mental de la OMS 2013-2020, a los Estado Miembros a trabajar en pro de la meta mundial de reducir para el 2020 un 10% la tasa de suicidio.

En 2014, la OMS publica el informe “LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO, UN IMPERATIVO GLOBAL”, alentando a los países a considerar la prevención del suicidio como una prioridad alta en sus programas, ya que mediante intervenciones oportunas y eficaces (basadas en datos científicos), tratamiento y apoyo, pueden prevenirse tanto suicidios como tentativas. Por otra parte, en el informe se plantea que la carga del suicidio no pesa sólo en el sector de la salud, sino que tiene repercusiones múltiples sobre otros muchos sectores y sobre la sociedad en su conjunto. Por ello, para prevenir eficazmente el suicidio, los países deben emplear un enfoque multisectorial que aborde la magnitud de este problema de una manera integral, siendo los ministerios de salud los responsables de liderar la participación de otros ministerios como parte de un esfuerzo integral.

El conocimiento acerca del comportamiento suicida ha aumentado enormemente en los últimos decenios. La investigación ha mostrado la importancia de la interacción entre factores biológicos, psicológicos, sociales, ambientales y culturales en la determinación de los comportamientos suicidas. Al mismo tiempo, la epidemiología ha ayudado a identificar muchos factores de riesgo y de protección frente al suicidio, tanto en la población general como en grupos vulnerables. También se ha observado variabilidad cultural en cuanto al riesgo de suicidio y como la cultura puede aumentar el riesgo de comportamientos suicidas o proteger contra estos.

Los datos científicos avalan que muchos suicidios son evitables, pero a pesar del aumento de investigaciones y del conocimiento de que los suicidios son prevenibles, no siempre se ha reconocido la prioridad que tiene. Por otra parte, el estigma y el tabú persisten, por lo que muchas personas no buscan ayuda e incluso cuando la buscan, muchos sistemas y servicios de salud no logran proporcionar una ayuda oportuna y eficaz (OMS  2014).

En cuanto a las políticas, un total de 28 países tienen hoy estrategias nacionales de prevención del suicidio, estableciendo el 10 de septiembre como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, en el que, organizado por la AIPS (Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio) y copatrocinado por la OMS, se quiere reconocer y remarcar la importancia de este problema. Este día ha contribuido a concienciar y reducir la carga de estigma en todo el mundo.

En el ámbito académico, también ha habido un interés en el estudio de este problema, creándose diversas unidades de investigación y cursos de capacitación para diferentes entornos, como escuelas, ambientes militares y prisiones.

A fin de mejorar la evaluación y el manejo de las conductas suicidas se está recurriendo a profesionales de la salud no especializados con el objetivo de proporcionar ayuda práctica en diferentes entornos, a través de grupos de apoyo mutuo entre familiares y personal voluntario.

Otro elemento clave en la prevención del suicidio es la restricción de los medios utilizados para su consecución. Para poder llevar a cabo una política de restricción se requiere, por una parte, un conocimiento de los métodos utilizados en las diferentes regiones y grupos sociales y, por otra, una colaboración entre diferentes sectores.

Además, la prevención del suicidio requiere una visión, un conjunto de estrategias y un liderazgo sostenido para que las metas de prevención puedan lograrse. En este sentido, la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2009-2013, recoge la priorización de actuar en la prevención y detección precoz de la conducta suicida.

Pero para dar respuesta al suicidio y que esta sea eficaz, es fundamental disponer de un Plan de Prevención del Suicidio que refleje el compromiso político de ocuparse de este problema, definiendo la prevención como una prioridad multisectorial que incluye no sólo al sector de la salud, sino también los de educación, empleo, bienestar social y justicia, entre otros.

Este Plan debe establecer mejores prácticas e intervenciones basadas en datos científicos con un abordaje integral y para ello, los servicios de salud tienen que contemplar la prevención del suicidio como un componente central y evaluar regularmente los resultados para que se tengan en cuenta en la planificación futura. Identificar los grupos vulnerables, detectar precozmente el riesgo de suicidio, mejorar el acceso a los servicios, prestar una atención protocolizada, entre otros, son metas del Plan.

La elaboración del Plan de Prevención del Suicidio y Manejo de la Conducta Suicida de la Conselleria de Sanitat Universal i Salut Pública, se engloba en los objetivos de la Estrategia Autonómica de Salud Mental de la Comunidad Valenciana 2016-2020, como una de las acciones prioritarias a llevar a cabo.

 

 

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