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Seguir a Jesús, caminar con Jesús…

 

SEGUIR A JESÚS, CAMINAR CON JESÚS…

En numerosas ocasiones, me he encontrado cristianos que viven el seguimiento de Jesús como una verdadera tortura. Parece que van corriendo tras ese Jesús inalcanzable que siempre les lleva la delantera… Esto produce en la persona que honestamente quiere estar con el Señor un fuerte desasosiego.
Seguir a Jesús no es ir pisando sus mismas pisadas sino saber que el Señor Resucitado va a nuestro lado. La diferencia entre ambas concepciones del seguimiento son importantes para la paz interior del auténtico discípulo.

En la vida podemos plantearnos el seguimiento de Jesús como una meta por conseguir. Si voy por el camino del Maestro, tarde o temprano me encontraré con Él… me parece que plantear esto así genera más desencanto que paz. 

Les propongo una nueva manera de concebir el seguimiento de Cristo. Seguir al Señor es dejarlo que sea nuestro compañero de camino. Él nunca va delante de nosotros. Él siempre está a nuestra altura, a nuestro lado.

Sentir a Jesús a nuestro lado, vivir el seguimiento como compañía, supone que tú no vas al ritmo que Él marca, sino justo lo contrario. Esa es la grandeza de nuestro Dios: se hace uno como nosotros para entender y compartir nuestro paseo por la vida. Sentir al Señor como compañero de camino significa que Él no nos da prisas, que respeta nuestro torpe camino, pero nos habla al oído del corazón y deja que sus palabras cambien nuestra ruta…

Para quien de verdad busca a Dios cualquier sendero le conduce a Él, porque el Señor nunca es una meta sino un descubrimiento en nuestro respirar diario. No hay que llegar al Señor, hay que dejarse acompañar por Él.

Hay seminaristas y sacerdotes que llevados por esa manera de concebir al Señor como una meta a alcanzar, sufren mucho porque ven que su vida no se ajusta a las exigencias del Dios que espera delante… Más que un compañero de camino es una meta a conseguir…
La ventaja de ver al Señor como nuestro auténtico compañero de camino, es saber que no nos da prisas sino que va descubriendo el mundo y la vida junto con nosotros. Orar es un diálogo no con quien está lejos sino con quien te acompaña en tu caminar diario…

Dios va al paso que tú puedes andar. No va ni más despacio ni más deprisa. Cuando te paras, Él se para contigo. Cuando corres, Él aligera también su marcha. Cuando te sientas a descansar, Él reposa contigo… El ritmo de tu marcha hacia el encuentro definitivo siempre lo marcas tú. Ese es el maravilloso juego de la libertad del hombre y de la fidelidad de Dios. Toda la vida del cristiano y de una manera muy especial la del sacerdote,viene marcada no por intentar llegar a Dios como una meta lejana, sino saber que el Señor es nuestro compañero diario de camino…

©2007 Mario Santana Bueno

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